Cuidemos de los cuidadores

“Yo te cuidaré mami” dijo solemnemente el pequeñajo mientras él y su madre entraban cogidos de la mano en el centro de salud del barrio. “Gracias cariño” sonrió ella, “Mamá estará bien, solo necesita ver al médico para que le dé alguna medicina para ponerse buena”. El pequeño la miró a los ojos y dijo “Vale”, anduvieron unos pasos más y el niño volvió a decir “Pero te cuidaré, vale”. La escena duró solo unos instantes pero se dijo mucho. “Te cuidaré” implica un espontáneo y amoroso impulso, es una expresión de protección, asistencia, cariño y ternura.

Cuidar es una conducta tan natural como aprender a vestirse o a caminar. De algún modo todos somos cuidadores y personas a las que cuidar. En el transcurso de nuestras vidas inevitablemente ejercemos ambos roles. Este tipo de cuidado que se ejerce sobre las personas más próximas y al que habitualmente se denomina cuidado informal, juega un papel esencial en la atención a los mayores dependientes en nuestro país. Por un lado, porque contribuye a rellenar lagunas y carencias de las redes sociosanitarias de servicios. Por otro, porque es el eje fundamental de las políticas sociales de atención a las personas mayores en los países desarrollados, las cuales se plantean como objetivo prioritario “el envejecimiento en casa”. De hecho, hoy por hoy en nuestro país, la mayor parte de los mayores residen en su hogar, y cuando muestran algún grado de dependencia, y especialmente cuando esta se hace más acuciante, suele recurrirse a los cuidados y atención por parte de alguna persona cercana.

Prólogo del premio IMSERSO 2006